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martes, 18 de marzo de 2014

Ajustando las velas

Hace un tiempo, en el trabajo, me preguntaron un día si me pasaba algo. No, contesté, ¿por?

- Porque te he visto seria es muy raro no verte sonreír.

Ahora, cuando el Pitufo me dibuja, me suele decir

- Mira mami, estás enfadada.

El cambio es notorio, ¿no? Pues le he estado dando vueltas a una frase que leí hace tiempo, y que tengo en mi puesto de trabajo para tenerla siempre presente:

El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.
William George Ward


No voy a quejarme más de que me dibuje enfadada, ni voy a decir más que es sólo una mala racha, ya se me pasará.

A partir de ahora ajusto mis velas.

¡Feliz martes! ¡Nos leemos!

viernes, 14 de marzo de 2014

Despistes

Siempre he sido despistada, no lo voy a negar. Pero últimamente estoy llegando a límites insospechados... Y esta semana ha sido de traca:

- Lunes:
- Nota en la agenda de la Pitufa, el martes hay que llevar pañales.
- La pediatra prescribe para la conjuntivitis del niño una gota en desayuno-comida-cena durante una semana.

Parece fácil, ¿verdad? Veamos...

- Martes: Tareas pendientes:
- Poner las gotas al niño, ok.
- Llevar pañales a la guardería: llevamos el Pitufo y yo a la niña a la guardería, y en la puerta... ¡miércoles! (no digo mierda delante del niño) ¡me he dejado los pañales! - No te preocupes, mami, yo te lo recuerdo mañana. (sic)
Nueva tarea:
- Además de los pañales, hay que llevar bote de cereales. No leo la agenda hasta las 22.00, así que obviamente ya sé que el miércoles no los voy a llevar...

- Miércoles: Tareas pendientes:
- Poner las gotas al niño: al acostarlo me dice mamá, que no me has puesto la gota del ojo.
- Llevar pañales a la guardería: ok, se los doy al el santoesposo, que lleva él a la niña.
- Llevar cereales a la guardería: le anoto en la agenda a la profe que sé que no he puesto el cereal porque leí la nota tarde. Mañana sin falta lo pongo.
Nueva tarea:
- Comprar la flor para que el Piufo lleve a la profe, que se casa, y preparar el corazón para que el niño ponga su nombre. Me lo recuerdo a lo largo de toodo el día, hemos quedado en llevarla todos el jueves y a ver si el mío va a ser el único que no la lleve.

- Jueves: Tareas pendientes:
- Poner las gotas al niño: ok (aunque la de la comida, que la hacemos al salir del cole se me retrasa porque me despisto de hora).
- Llevar la flor al cole: ok
- Llevar cereales a la guardería: ¡Porras, los cereales! Bueno, ya no los he traído por la mañana, pero como me queda un rato entre recoger al Pitufo y a la Pitufa por la tarde, los compro en ese rato y ya se los dejo para no olvidarme (otra vez) mañana. Salimos del cole, compramos, y cuando pasamos el desvío de la guardería me dice el Pitufo mamá, ¿por qué vamos hacia casa sin recoger a la Pitufa?

Notas al margen, demostración de que el Pitufo me va conociendo y confía muy poco en mi mala cabeza:

- El lunes el Pitufo se quedó en casa con su tía. Lo dejé al salir de la pediatra, y la tía dormía. Le digo que "luego llamaré a la tía, que te tiene que poner la gota a la una". Cuando la tía se levanta el niño le dice todo serio que mamá ha dejado la medicina en el cuarto de baño, me tienes que poner una gota a la una.
- Como el miércoles él no ha ido a la guardería, el jueves cumple su promesa y me recuerda mamá acuérdate de los pañales.

A todo esto le podemos sumar despistes varios en el trabajo. Todavía me queda todo el viernes por delante. Rezad por mí.

¿Y vosotros? ¿Tenéis también épocas de despistes? ¿Me contáis vuestros despistes estrella?

¡Nos leemos!

lunes, 3 de marzo de 2014

La vuelta al trabajo tras la maternidad

Ha sido dura. La vuelta al trabajo, digo. Ha sido dura. Más que con el Pitufo.

No sé si no es la experiencia, que ahora ya he visto lo rápido que crecen. No sé si no es la maternidad múltiple que, no nos engañemos, desgasta más. No sé si no es el cambio de horario, que no ha sido a mejor. No sé si no es el cambio de puesto, que no me gusta demasiado. El caso es que viví la segunda vuelta al trabajo muy mal. Demasiado mal.

Con el Pitufo tenía sentimientos encontrados. Por una parte me daba penita dejarlo en la guardería después de esos meses junto a él. Por otra, era la emoción de verlo crecer, de verlo hacer cosas por primera vez. Con la Pitufa todo ha sido pena, pena por dejarla. Pena por separarme de ella. Pena por verla crecer. Además, y pese a que el niño no llevaba bien la separación, la niña menos aún. Quizá porque yo también lo llevaba peor, y ella lo nota...

Además, si os dije en su momento que en la empresa donde trabajo no nos ponen excesivos problemas de conciliación, me encontré con uno de ellos. Resulta que la jornada de 9 a 15 no les parece bien. La hora de 14 a 15 es la pausa de la comida, y por lo visto se detectó que había gente con jornada 9-15 que esa hora no trabajaba, aprovechando que no estaban los jefes. Así que han decidido suprimir ese horario. Y me tengo que quedar hasta las 16 parando una hora para comer.

Al menos me han dado la flexibilidad de salir a las 15.45 (a las 16 sale el Pitufo del cole). Eso sí, recuperando esos cuartos de hora trabajando dos tardes al mes. Así, tengo el mismo porcentaje de jornada pero salgo tres cuartos de hora más tarde todos los días (no veas lo que cunden, para cuando me siento y me acuerdo de lo que estaba haciendo antes de comer ya tengo que apagar el ordenador) y además palmo dos tardes al mes. Un chollo.

A esto le sumamos que me han cambiado de puesto en el departamento y me gusta menos el actual. Y lo combinamos con que la Pitufa no tiene la salud de hierro de su hermano y desde que ha empezado la guardería lleva tres catarros gordos, una laringitis y un principio de laringitis, un principio de bronquitis y una bronquitis propiamente dicha y no suelta la tos ni a la de tres. Un no parar, vaya. Bueno, y que Dios me ha castigado por alardear de una niña que dormía bien desde el hospital y... no os lo cuento, que no la quiero poner verde a la pobre.

No os preocupéis. Pasé unos días un poco depre pero ya estoy mejor. Hasta estoy pensando en volver a buscar la sonrisa diaria y recuperar el 7 días 7 sonrisas. Pero con este panorama no es de extrañar que haya llevado fatal la vuelta al curro, ¿no?

¿Y vosotros? ¿Qué tal lo llevásteis?

¡Nos leemos!