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jueves, 7 de julio de 2016

Decimos...

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser alegres, mientras nos quejamos por el trabajo, por la casa, por los compañeros...

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser respetuosos, mientras nos enojamos con quien piensa diferente a nosotros.

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser educados, mientras nos olvidamos de dar los buenos días al panadero, al conductor del autobús.

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser empáticos, mientras criticamos a quien actúa de manera diferente a nosotros, sin pensar en qué le ha llevado a actuar así.

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser amables, mientras pedimos el café de malos modos, sin una sonrisa o un por favor.

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser resilientes, mientras nos quejamos de cualquier circunstancia que trastoque nuestras calculadas rutinas.

Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a ser pacientes, mientras damos golpecitos en el suelo porque no nos atienden cuando les reclamamos.

Decimos que queremos enseñarles tantas cosas...

¿No deberíamos decir menos y enseñar más?

¡Nos leemos!